espionajeros

Los amigos de la conspiración y el complot vivimos momentos confusos.

Si hace seis meses vista, a alguno se nos hubiera ocurrido hablar de seis mil llamadas telefónicas interceptadas por servicios secretos estadounidenses, presidentes de gobiernos europeos escuchados sin pudor y fisbuls y twisters copiados sin permiso, cuántos nos hubieran tildado de «conspiranóicos burriciégicos». Sin embargo, tras leer las últimas noticias suministradas por el traidor Snowden, muchos tertuliakos se han lanzado a pregonar un «eso ya lo sabíamos todos» que me tiene algo confuso.

Los tertuliakos, lejos de sorprenderse por la noticia, se la han fumado a cuatro dedos, como Humphrey Bogart. La han tratado de una forma desdeñosa, cínica, y con un..¿a mi con esas?, como si acabaran de venir de fusilar a Mata-Hari. «Todos se espían»- el labrado mensaje de los medios de disfunción-; e incluso aparecen noticias extraídas de alguna «puntocom» asegurando que los griegos también han espiado a Estados Unidos…¿les pusieron micrófonos en los yogures?

Intentar barnizar de normalidad el espionaje internacional, restarle importancia procediendo para colmo de un país amigo, es una operación infame . El sentido del espionaje es intentar evitar que alguien se entere de que estás espiando, «los espiados» los últimos. Pero si los espiados ya estaban enterados de tu acción, o cuando se enteran les importa un bledo…¿Para qué espiar entonces? Se han perdido las formas.

Todo el trabajo de James Mason «Cicerón» echado a perder. Tardes enteras fotografiando microflins y resulta que para el Estado Mayor aliado eran menos interesantes que las portadas de Interviu. Y Donald Sutherland, «el ojo de la aguja», trinchando costillas por todo Gran Bretaña para nada; Chacal invertido, un perrito de aguas, y el espía que vino del frío congelado entre las alambradas del muro de Berlín.

El espionaje no puede ser normal. En todo caso puede tratarse de común su intento, mientras que su consecución y desvelamiento deberá ser motivo de escándalo y petición de responsabilidades, como ha hecho Alemania. Porque no se trata de…¡Atención, nos espía San Marino, una abuela disfrazada de tarotista con sonotone frente al lago del Retiro! Se trata de Estados Unidos con todo su todopoderoso arsenal tecnológico y control de redes.

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