Dos horas comiendo uvas

A mis 37 años, ya ves tú…Ya me puedo morir tranquilo.

Hablo de la selección de fútbol y de ganar un mundial. Porque yo estaba en el bar La Fuente en 1994 sangrando del corazón por la nariz de Luis Enrique; creo que nunca he estado tan indignado en mi vida, nunca me provocó el vómito de tal manera la juvenil visión de la injusticia, ni cuando la he vivido en mi persona. Tendrían que pasar años para volver a sentir esa sensación, y tendría que ser en otro mundial, el de 2002, en el que sudaba de rabia por los sobacos de Camacho viendo como “Gandul” nos dejaba fuera del mundial de Corea. Antes, en 1986, había visto al bueno de Eloy fallar el penalti de nuestro mundial más espectacular, el de una quinta igualmente irrepetible. Y cuatro años antes, también, había visto perder a nuestra obrera selección de la transición con la Alemania de Rumenige, mi jugador favorito.

Ayer, once de Julio, pasé las más de dos horas de partido como si fueran unas eternas campanadas de nochevieja. Con la sensación de que el mundo estaba parado, Groucho ya se había bajado, y yo no hacia mas que comer uvas sin parar, esperando que algún español marcara para poder abrazarme a todo ser viviente.

De vuelta a casa a las tres de la madrugada, vi helicópteros sobrevolando el cielo, iluminando con sus focos las calles. Las hormigas rojas abanderadas aparecían detrás de cada esquina.

Mis imágenes felices del día de ayer son abrazos, golazos, y un tío persiguiendo mi taxi con las pupilas más dilatadas que un vampiro. “Soy apañol…Mr Renfield”. Y es que ha ganado el mundial de fútbol la selección de España, el país más farlopero del mundo. Tiki-Taka, Snif-Snif, amigo. Tanto “apañol” está muy bien, pero no deja de ser un poco “apología de la fraternidad”, que será pasajera como la tormenta de verano.

Hoy a disfrutarlo más si cabe, y mejor. Con el Marca bajo el brazo, con el pasado entre las manos, llega el momento de saborear, mi deporte favorito. He dejado algo de júbilo escondido dentro de mí, para el día de la liberación, de la independencia, de la educación…Como a Del  Bosque, me gusta ser precavido. Por él es por quien más me alegro.

 

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