Poder

Este país sufre desde el desdichado once de marzo de 2004 una brutal degradación de sus instituciones democráticas, llevadas hasta el paroxismo por una clase política inconsciente y degenerada.

Los dos partidos mayoritarios, ambos y a la vez, cometieron la terrible imprudencia de lanzarse al juego especulativo a menos de setenta y dos horas de haberse cometido un atentado terrible. A partir de ese momento y hasta ahora, no han sido capaces de retractarse de sus errores, de abandonar su caza particular en su lucha por la pieza del escaño del poder. No descansan ni los fines de semana, generalmente dedicados a gastarse el dinero en mítines electorales sea cual sea la época del año. No reflexionan ni un instante para atisbar qué repercusión social producen sus medidas y sus cuitas internas. No dudan en divulgar masivamente sus conflictos a través de medios de comunicación aliados a sus prebendas, de fundaciones dedicadas a desinformar y a manipular,  y de periodistas sin escrúpulos que rellenan las parrillas televisivas de asar casquería.

La máxima es “no hay tregua”. Y con su máxima y sus medios afines, se han dedicado durante estos años al insano oficio de atiborrar la vida pública de política de la peor especie. De tal forma que ya casi todo parece política, o tiene conexiones políticas. Desde el fútbol a los toros, el embarazo, la pareja, el cine, la literatura…Todo aquello que hagas parece tener una intención política o puede interpretarse como una acción ideológica. No hay descanso, no hay tregua.

Hasta que hemos llegado a un punto en el que el chapapote político, como era lógico, ha inundado la esfera judicial de tal forma que cualquiera se cree en la potestad de señalar a jueces, fiscales y abogados un signo político por encima de su labor interpretativa de las leyes dictadas en el congreso.

Y esto muy preocupante. Porque la resolución de toda ley controvertida o todo conflicto acaba en último término recayendo sobre la acción de un juez independiente. Si se duda de la independencia de dicho magistrado la ley y el conflicto queda irresoluto, acaba abonando el territorio de la paranoia y la conspiración, que nuestros inconscientes políticos aprovecharán en su beneficio. Y vuelta a empezar.

Si el poder judicial está excesivamente politizado…¿por qué no legislan para preservar su independencia del poder legislativo? Sobre esto nuestros políticos y adláteres no abren la boca, quieren seguir preservando su poder.UPyD, por supuesto, parece seguir siendo la única excepción.

Llevamos seis años así, y empieza a notarse en la sociedad un clima de hastío, de perplejidad, de tensión. Estamos hartos.

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