Desamparados

Compartiendo anécdotas personales sobre robos bancarios y facturas telefónicas erróneas: es la forma española de entender lo que sucede por el mundo. Los currelas nos pasamos las tostadas calientes de la indignación; de la máquina de fichar al felpudo de la puerta y de ahí al taburete de la barra del bareto. Estas transferencias de información no se dan por juansar ni por fisbul, porque hay que gesticularlas.

Estamos siendo abandonados a nuestra suerte. Ante los descarados abusos de las comisiones de los bancos la solución es denunciar, y ante los anuncios fraudulentos de todo tipo; y si los distintos recibos domiciliados son abusivos la solución es denunciar; y si los patronos rebajan las pagas de catorce a doce pues al juzgdo. A la vez, se impide la  libre denuncia obligando a pagar elevados costes a quien recurre; y también se multa a quien proteste por ello, en vez de aporrearle-que habrá preferencias- todo en una coyuntura de escasez generalizada.

Las externalizaciones quieren abrirse paso entre las pocas responsabilidades sociales que restan al Estado: para que mañana si hay extirpación de bazo allí donde había de haber tirita vayamos también al juzgado, se denuncie, pero nunca al Estado. Tendríamos que pasarnos el día así, según algunos, denunciando las injusticias, mandando documentaciones inútiles por fax, rellenando hojas y hojas de quejas y reclamaciones. Todo porque el Estado ha decidido flexibilizar las normativas que impedían a muchas empresas establecer cláusulas ilegales. Hoy, ni siquiera reacciona ante las descaradas asociaciones entre empresas para anular la competitividad y con ello nuestro supuesto beneficio. El Gobierno ha decidido hacer dejación de funciones, pero no puede continuar socavando el Estado Social que nos hemos dado de esta manera, abandonando a los españoles a su suerte en los juzgados, y en las lineas muertas de los departamentos de quejas de las empresas.

Las sólidas normativas de antaño se han liquidado, se han convertido en líquidas. Lo que nunca pensaste que un banco podría hacer porque en tu ingeuidad creíste que alguien se lo impediría, ya lo ha hecho, mejor perpetrado, alevosamente. Llevamos años soportando publicidad engañosa y cicatera, cláusulas, anuncios televisivos, banners y supuestos contratos cuyo tamaño de letra no se obliga a aumentar ni gramática a aclarar.

La laxitud normativa general está degenerando en abuso, y la gente lo nota. Los organismos que podrían reaccionar ante esta degeneración están ateridos y descalificados (en general los partidos políticos) ,debilitados por problemas intestinos gruesos y faltos de ideas y respuestas (los sindicatos) y los únicos que parecen ascender y tener plena consciencia del nivel degenerativo son las asociaciones de consumidores. Al habernos convertido sobre todo en eso, en consumidores, negados del derecho a la ciudadanía, a la opinión y al respeto; al convertirnos en balances de mercado y de consumo interno, protegernos a través de asociaciones de consumidores parece el último resquicio de la actividad política ciudadana: informarse para comprar mejor, evitar las estafas y las publicidades engañosas y, en último término, poder acceder a denunciar los robos desde una plataforma de mayor seguridad y más barata. La aportación a la política que nos dejan.

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