SACRILEGIO EN LA UNO

En la 1, hablando de la Televisión Española.

En el telediario de dicha cadena esta tarde, a cuento de la renuncia de Ratzinger al papado, a su decisión de volverse a llamar Joseph, la presentadora describía la pasión del aún todavía Benedicto por la música- si es que es adecuado calificar de pasionales las preferencias musicales de un santo pontífice-. Benedicto había hecho cambiar la música utilizada en algunas liturgias, Bach por Mozart, su compositor favorito, y escrito varios textos acerca de la importancia de la música en la liturgia y de cómo debería formar parte de la misma en vez de servir de mero acompañamiento formal. No le gustaban, de eso nada, la música Pop, a la que tachaba en los mismos textos como «sacrílega» y no se si «satánica», dejando en suspenso su opinión sobre las «cantatas» de Kiko Arguello y sus correligionarios, a medio camino entre el folk de Pete Seager y los desesperadas llamadas de Linda Blair a ser tomada por el padre Merrin. Duro trámite para un melómano como el Santo Padre, que no merecía escuchar aquellas kikofonías en su visita a Madrid. De hecho, no ha vuelto a salir de acampada, no sé si debido a ello.

Según relataba la presentadora del telediario, el caso de Juan Pablo II fue distinto. El Papa anterior había querido acercarse a los más jóvenes interesándose por las músicas que escuchaban. Y como ejemplo se veía a Bob Dylan, el verdadero Piscine Molitor Patel de las religiones del mundo, tocando Knockin on heaven´s door delante del Papa pretérito, que balanceaba el báculo al ritmo lento en el que Slim Pickens arrastraba sus dos tiros en la barriga; iba a llamar a las puertas del cielo, junto a la laguna. A Juan Pablo II sólo le faltaba gritar aquello de «!Al loro, y a colocarse!».

Pero he aquí que la presentadora del telediario asegura que aquella canción que cantaba Bob Dylan en el Cuatro Vientos que fuere, era una composición de Gun,s and Roses. Literalmente»como en esta imagen en la que Bob Dylan toca Knockin´on heaven´s door de Gun,s and Roses». «¡Sacrílega!»-grité en mi casa-.

Nada tiene que temer el aún Benedicto de la música Pop. Era más satánica Marlene Dietrich cantando Lilí Marleen para las juventudes hitlerianas que Adele imitando a Shirley Bassey en Skyfall, o los pegajosos Black Keys en su camino, by your way. No será la música pop-rock la que lidere una nueva revolución.

Para colmo, como puede ver, ni en la tele respetan  los clásicos.

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