Holmes y Watson, qué bien me lo he pasado

Finales del siglo XIX. Europa afronta su revolución industrial y nada volverá a ser lo mismo. Como se comenta en la película, a partir de este momento crucial de la historia, los avances tecnológicos se convertirán en la locomotora social, política y económica del planeta.

Ya no serán los tiempos de Sherlock Holmes, un detective que Garci entiende como de otra época, fuera de su generación, desfasado ante un criminal industrializado, Jack el destripador, que asesina a sus víctimas en las barriadas de Londres en donde se hacinan los marginados. Los crímenes ya no serán iguales; no se tratará de seguir una serie de pistas y utilizar la inteligencia deductiva para atrapar al asesino. Todo se complica entre decenas de intereses creados y enlazados, que ni el propio Sherlock Holmes será capaz de desentrañar- al estilo Horne Fisher de Chesterton-.

Este es el magnifico escenario figurativo que utiliza Garci para colocar a su Sherlock Holmes en España. Aquí, el detective y su compañero Watson, con la excusa falsa de venir a resolver unos asesinatos similares a los de Jack el destripador, disfrutarán de la compañía de literatos y músicos de la España de la época, del paisaje y de las mujeres, de la comida del L,ardy y del vino. Irán conociendo la idiosincrasia española, el talento de alguno de sus prebostes, la valentía de alguno de sus periodistas y el poder cicatero de sus políticos y sus incipientes mega-empresarios. De todo ello extrae Garci la conclusión de que serán la amistad, el talento, la valentía, la educación y la apertura de miras las virtudes en las que tendremos que invertir para enfrentarnos a la degradación social y política, cuyo comienzo sitúa en ese final del siglo XIX. En este contexto, Jack el destripador, o Juanito el Charcutero, como es Drácula en la novela romántica, no son más que metáforas del mal.

Por fin Garci quiere volver a hablarnos de los tiempos actuales. Posee cierta retórica del Crack en la insistencia por escarbar en  los vericuetos oscuros del poder. Y al igual que la película de Wilder, única coincidencia, presta una parte de la misma a desvelar las intimidades de Sherlock y Watson como pareja.

¿Qué es una película extraña? Tan extraña como sugestiva e inteligente. No evitaré decir que, entre todo, hay conversaciones sacadas de tiesto y sonrojantes diatribas, a veces por la desnudez de la actuación que siempre busca Garci, a veces por sus excesos. También tiene ciertos problemas argumentales con el uso de los idiomas (¿español en Inglaterra e inglés en España?), engominados acentos anglosajones del Sherlock Holmes, y charlas de toros. En ningún momento logra sacarme de sus propuestas de fondo, pero comprendo a quien le ponen a mil.

Eso sí, para mayor conocimiento del entramado del poder, que Garci suele dejar en manos de la invisibilidad, mejor hubiera esperado al final de la carrera de Torres Dulce, coguionista con Garci antes de ser ministro ¡Cuánto más hubiera podido contarte José Luis!

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