Tiempos modernos

Uno flipa tanto últimamente que no sabe ni cómo escribir. La última indignidad aberrante siempre es penúltima nada más te sientas a protestarla. No  he dejado de pensar en la muerte de Gandhi, ultrajado por el nuevo decreto gubernativo que tilda de violentos a los que no se mueven, cuando vuelve a aparecer el ministro del interior causante y realiza cursillos de Rubio para terroristas arrepentidos. En el impás de minutos entre una noticia y otra, el Rey se ha roto de nuevo la decimoctava cadera y el señor Inda, durante años dedicado a dirigir el periódico de los cristianos y los mesis, descubre otro latrocinio de Urdangarín en Uzbekistán. Si nadie lo para, esto va camino de convertirse en el festival del disparate.

Los mercados siempre tuvieron razón-por muy rojeras que se pusieran los directores de documentales indescifrables y los anti-capitalistas- nuestros deudores llevaban tiempo teniendo serias dudas de que fuéramos capaces de pagar, y ahora que nosotros lo dudamos también, habrá que admitir que no formaban ninguna liga internacional anti-socialista. Ahora dudamos de Merkel, no de los mercados, porque a lo mejor no se soluciona todo recortando. Pero no sabemos de quién más dudaremos en el futuro.

Zapatero no sale del “barrio húmedo”, y Rajoy  escapa de la prensa porque le da vergüenza incumplir, una tras otra, todas sus promesas inconscientes y electoralistas.

Después de todo, aunque suponga un esfuerzo, hay que mantener cierta moderación en la crítica porque, sospecho, los límites del disparate no están trazados. Aventurarse a extremar los adjetivos tiene el peligro de acabar agotándolos, como Carlos Cuesta, conocido conductor que, allá por principios de siglo, durante la primera legislatura de Zapatero, disparó toda su munición en forma de epítetos, insultos, babas, apocalipsis y alteraciones del pulso cuando aún no había sido ni formulada la hecatombe del calendario Maya. En cambio, el señor  Enric Sopena, decano del gargajo y el lapo en el ojo, junto con la mirada vinagre de su señora esposa, se dedicaron a explicar todas las ventajas que supusieron los gobiernos de Zapatero como quien se empeña en ver la cara amable del terremoto de San Francisco.

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