20 de Abril

Ayer estaba sonando una cancíon por el hilo musical instalado en el edificio. La canción era 20 de Abril…del 90, o sea, de 1990. La conoce todo el mundo, o al menos todo el mundo que era adolescente en aquella época. No digo que sea una canción que conocen todos los españoles, soy precavido con esta referencia, porque una chica de veinte años me confesó no saber quién era Charlie Chaplin. Después de ése día, me niego a certificar los conocimientos del personal global.
 
La canción de «Los Celtas» vallisoletanos mantenía la frescura, la calidad y la rotundidad de su década. Aún me parecía ver al «Cifu» enganchado a su Strato, en la plaza de toros de mi pueblo, mientras pegabamos botes derramando la cerveza de los cachis.
Pero en esta ocasión me llamó la atencion la letra, que comienza con lo primero que solía escribirse en la cuartilla de una carta, la fecha: «20 de Abril del 90». La letra es la transcripción de una carta. Por primera vez la canción me resultaba histórica; reflejaba un pasado perdido, olvidado, pero no obsoleto, porque esa carta es intransferible a un mail, como si el formato digital no permitiera la redacción de emociones y sensaciones.
La carta se mandaba cuando había una acumulación de información suficiente. Las palabras se utilizaban para intentar reflejar emociones, no sólo para relatar acontecimientos ni para ennumerar informaciones. La gente intentaba escribir, expresarse; porque tan importante era informar, por ejemplo, de que te habías ligado a Mari Conchi, como describir el estado febril en el que te encontrabas a su lado-si fuese el caso-.
Eso obligaba a currarse mucho los párrafos. Pretendías llegar al recepctor de la carta reflejándole todo un universo singular.
La inmediatez de Internet, en donde no hay nada que acumular ni en lo que reflexionar, puesto que puedes mandar mensajes cada 2 minutos con un clik, ha disvurtuado el esfuerzo por transmitir sensaciones. Como mucho, al hilo del ejemplo anterior, mandas una foto de Mari Conchi para que el receptor os vea juntos. Pero ahí fallece el esfuerzo expresivo.
Esa falta de matices a la que nos avocan, no sólo internet, incide en la costumbre agónica de vernos a  nosotros mismos y a los demás como calcos, como repeticiones de informaciones que ya conocemos. Y nos regurcita una y otra vez la sensación de que ya conocemos a todo el mundo, y de que ya nadie nos va a sorprender. Si no transmitimos los matices, las variables, los originales aspectos de nuestras emociones y sensaciones, acabaremos perdiéndolos.

2 opiniones en “20 de Abril”

  1. Casi todo el mundo da por hecho que la inmediatez con la que recibes la información es siempre positiva. Por supuesto que la tecnológia le sirve aquí a las ciencias de la información (conocer lo que pase en el mundo al instante), pero sin duda le estorba a la información del "tú a tú". La imaginación, que se activaba y ayudaba a crear emociones con los tiempos de espera de las cartas, permanece ahora inactiva en la papelera de reciclaje.Estoy contigo en la necesidad de los tiempos en la escritura, en la importancia de "esa acumulación" que la mensajería rápida te roba, en que la atmósfera temporal ha quedado reducida al brillo de la pantalla, y en que Internet y sus muchas ventanas y aplicaciones invitan a perderse a la hora de trasmitir matices o directamente de expresar lo más minímo. Parece que hay tanto que decir, que expresar carece de sentido.Aunque tampoco soy de esos que caen en la radicalidad de pensar que hay causa y efecto entre las posiblidades de las nuevas tecnologías y la pérdida de la necesidad, o incapacidad, de hacer literatura expresando sentimientos. Si se quiere. No creo que los trabajos de amor perdidos de Shakespeare tengan tanta fuerza porque no había bolis bic, ni que la quintaesencia de Salinas pudiera salir por máquina de escribir y no por impresora . Sobre la forma, cuestión de usos y deshusos.

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